Todo apunta a que vamos a tener que usar mascarillas durante un largo periodo. Si al principio se recomendó no utilizarlas, con el tiempo ha ido cambiando esa percepción y ahora son un codiciado producto que en ocasiones es difícil de encontrar en las farmacias. Sin embargo, utilizar una mascarilla no es algo tan fácil como ponérsela y quitársela, hay factores y errores a tener en cuenta.

Lo primero de todo, hay que saber qué tipo de mascarilla se está utilizando porque no todas sirven para evitar contagiar o ser contagiados, ni pueden reutilizarse. Cuando te hagas con una, pregunta en la farmacia el modelo y sus características con el objetivo de tener bien clara la información.

Pero además de este aspecto, hay que evitar en lo posible algunas de las mentiras que se difunden por internet sobre las mascarillas y su uso. En ocasiones surgen con la intención de ayudar, a pesar de los errores, y en otras solo por conseguir visitas o RT. La información no siempre es fiable.

Una de las mentiras más difundidas es que puedes usar en varias ocasiones las mascarillas desechables. Esto no es cierto, una mascarilla de este tipo –normalmente quirúrgica o FFP2– se puede usar durante un número de horas limitado y una vez que te la quites no deberías ponértela de nuevo, ya que perderá gran parte de su efectividad. 

Al hilo de esto llega la segunda mentira que proviene de uno de los fallos que hemos visto hacer a políticos en televisión. Una vez puesta la mascarilla, no hay que bajársela durante ningún momento para hablar ni moverla de sitio. Además de la posibilidad de causar desperfectos, el riesgo aumenta considerablemente.

La tercera se refiere a la esterilización de la mascarilla, no existe ningún método realmente efectivo para hacerlo sin que afecte a su funcionamiento. Una mascarilla reutilizable se puede desinfectar, pero toda esterilización lleva consigo pérdida de efectividad y daños en ella.

Las mascarillas quirúrgicas evitan no contagiar a otras personas en caso de que estés afectado por el coronavirus, pero no sirven para protegerse.

Por último y quizá la mentira más difundida, la mayoría de mascarillas caseras no suelen servir para protegerse. Evitan que te toques la cara o que contagies a otras personas por la saliva, pero gran parte de las que se recomiendan por internet tienen una utilidad muy discutible, y casi ninguna es reutilizable. La mejor opción siempre es comprar una en la farmacia.