Hace apenas unos días éramos testigos del último episodios de la batalla entre Qualcomm y Apple. Un jurado de China se posicionaba a favor del fabricante de procesadores y prohibía la venta de siete iPhone en el país asiático. Estaba claro que Apple no se iba a quedar cruzada de brazos y parece que ya ha encontrado una estrategia para sortear ese bloqueo.

Primero fue la Comisión de Comerció Internacional de Estados Unidos la que le dio la razón a Qualcomm, pero fue comedida en su castigo no castigando en exceso a Apple. La justicia China ha sido mucho más contundente y ha prohibido la venta de siete iPhone.

La razón de esta sentencia se debe a una patente de Qualcomm para la edición del tamaño de las fotos y la administración de aplicaciones que Apple habría usado sin permiso en esos modelos de iPhone. La respuesta de Apple fue inmediata, recurriendo la sentencia, pero mientras el proceso legal sigue su curso, la compañía está planeando una estrategia paralela que evitaría que su terminales dejaran de venderse en las tiendas chinas.

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Según informa Reuters, Apple estaría preparando una actualización de software que podría llegar en una semana aproximadamente. Con esta actualización se solucionarían las reclamaciones interpuestas por Qualcomm y por lo tanto anularía la sentencia impuesta por la justicia asiática.

El truco es tan sencillo como establecer a los modelos de iPhone 6s, 6s Plus, 7, 7 Plus, 8, 8 Plus y el iPhone X la última versión del sistema operativo, iOS 12 que, según la compañía, no incumple las patentes de Qualcomm. «A principios de la próxima semana, enviaremos una actualización de software para los usuarios de iPhone en China que abordará la leve funcionalidad de las dos patentes en cuestión» han asegurado a Reuters. 

Aunque esa actualización se instale en cada dispositivo, aún queda por ver la respuesta de los tribunales chinos y de Qualcomm que no se han pronunciado al respecto. La compañía de la manzana defiende su derecho a vender estos dispositivos alegando el daño que podría suponer la retirada de las ventas tanto para ella como para el resto de sus proveedores y consumidores chinos, así como los ingresos fiscales que estos negocios repercuten en el país. 

Puede que esta solución resuelva este caso en concreto pero hará falta algo más que una simple actualización para terminar con la guerra que llevan años librando ambas compañías desde hace años.