La historia del primer vehículo eléctrico que pisó la Luna en 1971: el Lunar Rover

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El Lunar Rover fue el primer coche eléctrico en pisar la Luna en 1971 con la misión Apollo 15. Repitió el mismo modelo en la misión Apollo 16 y 17. Te contamos toda la historia que se esconde tras esta peculiar hazaña.

Cuando en 1969 la denominada “carrera espacial” entre Estados Unidos y Rusia estaba liderada por los soviéticos, fueron los estadounidenses los que se marcaron el tanto llegando primeros en el año 1969. Pero el escepticismo es algo que no podíamos dejar de tener en cuenta cuando hablamos de misiones espaciales.

Siempre se ha palpado la duda ante la imposibilidad de llevar la misión a cabo por la falta de tecnología en la época. Por lo que todos conocemos el análisis exhaustivo que se ha hecho de cada uno de los vídeos que se publicaban.

Pero ahora no queremos hablar de 1969. Nos vamos un par de años más allá, a contarte una historia que nos encanta (cuyo final no te puedes perder) y que no todo el mundo sabe: la del primer coche eléctrico en pisar la Luna. Un coche que llegó hace más de 45 años para intentar darnos un poquito más de información sobre todo lo que escondía el astro.

La llegada del Lunar Rover a su destino

31 de agosto de 1971. Ese día aterrizaba en la Luna el primer coche que rodaría por esta superficie: el Lunar Rover. Lo hacía con la misión Apollo 15, en la que viajaba el astronauta David R. Scott, uno de los encargados de conducirlo.

Este coche llegaba al satélite con la intención de investigar más a fondo cada uno de sus rincones. Obviamente, dentro de las posibilidades de la época. Por eso, General Motors y Boeing fueron los responsables de fabricar este increíble coche eléctrico.

La historia del coche eléctrico

El Lunar Rover se movía gracias a una batería que accionaba un motor de 200 W en cada rueda y tenía tracción independiente. Pero obviamente tenía sus limitaciones: no podía alejarse más de 9,6 kilómetros de su módulo lunar y apenas tenía una vida útil de unos 180 kilómetros o 78 horas de funcionamiento. Algo que, aunque parezca muy poco, era más que suficiente para una primera toma de contacto.

Tenía una velocidad media de unos 3 o 4 kilómetros por hora, pero podía llegar a alcanzar los 14km/h. ¿Cuánto costó fabricarlo? Más que cualquier Rolls Royce de la época: 38 millones de dólares.

Un coche con “pequeñas” características y una gran misión

En este vídeo podemos ver a los astronautas de la misión Apollo 15 sacando el Lunar Rover, que llegó a la Luna perfectamente empaquetado con unas dimensiones de 90 x 150 x 170 centímetros, introducido en un compartimento del módulo de descenso LEM.

Siguiendo las tradiciones más pragmáticas de la fabricación de naves espaciales, cada parte del LRV (Lunar Rover Vehicle) se construyó con los materiales más ligeros posibles, siempre que la elección de estos materiales no comprometiese la capacidad del buggy para soportar una carga y las tensiones estructurales de los baches durante el lanzamiento, touchdown o navegación del terreno lunar.

Del mismo modo, cada parte tenía que ser capaz de soportar las variaciones de temperatura extremas que se experimentan en la superficie de la Luna, que se encuentra a 150 grados bajo cero.

Estaba compuesto de un chasis de aluminio dorado con cuatro ruedas de malla de acero y dos asientos. Cuando lo sacaban de la caja, tal y como hemos visto en el vídeo, tenía unas dimensiones totales de 3,10 m de longitud, 1,80 m de anchura y 181 kg en vacío incluyendo el dispositivo de fijación y despliegue.

En el chasis delantero se ubicaban sus baterías (¡como buen coche eléctrico!), además de la unidad de proceso de información y la del sistema de navegación. También delante estaban el control de la marcha y la dirección. En el centro,  los dos asientos con la palanca de dirección. Y atrás un hueco para transportar el equipo científico.

Pero lo realmente interesante como coche eléctrico lo encontramos en sus ruedas. Y es que cada una de ellas tenía su propio motor eléctrico, alimentado por dos baterías de 36 voltios. También de forma independiente, tenían su propio mecanismo que permitía un desengrane del motor para que pudiese seguir girando si fallaba. Vamos, que el Lunar Rover podía seguir rodando (despacio) ¡hasta con solo dos ruedas!

Y sí, lograron completar la misión. El “cochecito” recorrió exactamente 28 kilómetros (durante la primera misión) por la superficie de la Luna y se llevó consigo varios kilos de piedras para después poder investigar. Pero la misión Apolo 15 no fue la única en la que estuvo presente este tipo de pequeño buggy lunar: también durante la Apolo 16 y 17.

Un consejo: la próxima vez que mires a la Luna, imagina tres coches eléctricos lunares que estaban destinados a un mundo extraterrestre, de pie, en una vigilia silenciosa cerca de los puntos de aterrizaje del Apolo donde fueron abandonados hace 40 años. Sí, los tres coches siguen allí arriba.